La etnia gitana, procede de la India, son de características nómadas principalmente, y desde la India se irían extendiendo por Europa, muchos de ellos decidieron establecerse en los Balcanes, pero muchos otros, fueron en búsqueda de climatologías más amables, llegaron a España en oleadas migratorias a principios del siglo XV, se estima que unos 3.000 individuos. La recepción por parte de la población hispana en principio fue buena hasta prácticamente el año del descubrimiento 1492, pero su forma de vida ambulante, y sus rasgos culturales propios, no encajaban en una sociedad anclada a férreas costumbres.
La presencia de la población gitana se fue convirtiendo en un desafío para los poderes establecidos, para la población sedentaria y para la religión católica. Así, la primera pragmática, o sanción real, los obligó a abandonar la vida nómada.
La legislación daba a los gitanos un plazo de dos meses para su integración. Eso incluía que debían habitar en un domicilio fijo, adoptar un oficio y abandonar su forma de vestir y costumbres, so pena de expulsión o esclavitud.
Si pasado dicho tiempo, no habían modificado su forma de vida, se les condenaba a cien azotes por la primera vez, y el destierro perpetuo y la segunda vez, se les cortaban las orejas, y se condenaban a sesenta días encadenados, y también por supuesto el destierro y la tercera vez, ya se les hacía cautivos para toda la vida.
La Real Pragmática de los Reyes Católicos en 1499, fechada en Medina del Campo, es el inicio de otros muchos edictos de control.
En España se promulgaron, a partir de ese año, más de 280 pragmáticas contra el pueblo gitano. Frente a la práctica de la deportación a América, que fue empleada ese mismo siglo por Portugal, los gitanos españoles solamente podían viajar a América con permiso expreso del rey.
Felipe II decretó en 1570 una prohibición de entrada a los gitanos en América y ordenó el regreso de los ya enviados.
Pese a todo, los gitanos españoles, como los de toda Europa, se resistieran a la asimilación y conservaran sus propios caracteres culturales más o menos intactos.
Persecución de la etnia gitana
La historia de la persecución de los gitanos especialmente en Europa, es casi tan antigua como la de su presencia. La acogida inicial durante el siglo xv fue relativamente buena, los gitanos fueron recibidos con curiosidad e incluso con respeto, y algunos nobles y señores ofrecían escolta a sus comitivas, que se presentaban como peregrinos cristianos. Sin embargo, el desencuentro con las comunidades receptoras era casi total al comenzar el siglo xvi. Para entonces ya habían sido expulsados o perseguidos en casi toda Europa.
La documentación histórica conservada recoge una larga serie de expulsiones en cadena prácticamente desde su misma llegada. Son expulsados de París en 1439, de Suiza en 1471, de Alemania en 1500 y de Inglaterra bajo pena de muerte en 1514. En 1540 de Bélgica, también bajo pena de muerte. Para entonces, tanto en España como en Francia ya se les envía a galeras. En el siglo xvii. En Hungría y Rumanía fueron sencillamente esclavizados.
La Gran Redada y el proyecto de exterminio
En el siglo XVIII, Felipe V renovó las viejas pragmáticas represivas, pero treinta años más tarde el Marqués de la Ensenada, principal ministro de Fernando VI, consideró que aquellas medidas habían resultado insuficientes y había que aplicar un plan más radical: «La extinción de los gitanos», como él mismo lo denominó. Esta especie de solución final, no consistía en aniquilarlos físicamente, sino en separar hombres y mujeres para impedir la procreación de la raza
En julio de 1749 se produjo la Gran Redada, también conocida como Prisión general de gitanos, con la que se dio inicio al proyecto de "exterminio" autorizado por el rey Fernando VI. Algo más de 9.000 personas gitanas acabaron presas, y conducidas a los centros de detención previstos, siendo repartidos los hombres y niños mayores de siete años entre los tres arsenales peninsulares, en tanto que las mujeres lo fueron entre varias casas de misericordia.
Si contamos los que ya estaban encarcelados, la cifra de gitanos cautivos llegó a las 12.000 personas.
En 1765, durante el reinado de Carlos III dieciséis años después de la redada, se emitió la orden de liberar a todos los presos del país.
En 1783, se emite otra pragmática donde se les concede a los gitanos el permiso de residencia en cualquier parte del reino, y se les declara ciudadanos españoles y, por lo tanto, obtienen el deber y derecho de escolarizar a los niños gitanos a partir de los 4 años, siendo libres de fijar su residencia, o de emplearse y trabajar en cualquier actividad, penalizándose a los gremios que impidieran la entrada o se opusieran a la residencia de los gitanos.
El pueblo gitano recorrió un largo y duro camino a través de los siglos, con entereza y sacrificio, y también, con el orgullo que produce hoy en día, el no haberse dejado vencer. Ni mucho menos extinguir.
Se estima que existen actualmente, en comunidades repartidas por todo el país,750 mil gitanos.